El arte de zafar el bulto

agosto 14, 2017

Tegucigalpa, Honduras

Zafar o escurrir el bulto es un viejo dicho español para denotar que alguien busca eludir una responsabilidad escapando de ella, así podemos ver como personas que en el desempeño de una misión, por incompetencia propia o por la de los demás que le acompañan, ha tenido que rehuir al deber aceptado al ver que el objetivo es imposible por la falta de apoyo o porque al final termina por darse cuenta que no tiene la capacidad suficiente para sacar adelante la tarea.



Durante estos días hemos estado observando como ex altos oficiales de la policía hondureña, depurados por la comisión especial por habérseles encontrado indicios de enriquecimiento no compatible con las remuneraciones que han tenido durante su carrera, buscan descargar el desastre del cuerpo policial en los políticos, que aunque tienen su cuota de responsabilidad en los asuntos que conciernen a la autoridad policial, el verdadero peso de todo el estado de descomposición policial es de la alta oficialidad, de lo cual no cabe ninguna duda.

Que venga equis o algunos ex oficiales a querer traspasar solo a los políticos, el daño histórico que ha puesto al cuerpo policial al borde de la disolución, es la consagración del arte de zafar el bulto, un hecho verdaderamente increíble como lamentable, porque si ellos sabían que la interpósita mano de ciertos políticos interfería en favor del crimen organizado, y no hicieron nada, sino que se mandaron a callar porque les convenía , la falta es doblemente condenable, primero por la inacción y segundo por complicidad.

Cuando se cuestiona la calidad moral de la alta oficialidad policial en la conducción del principal cuerpo de autoridad que tiene como tarea velar por la seguridad de los ciudadanos y sus bienes, los medios de comunicación y la sociedad general actúan por las pruebas que aportan las investigaciones del ministerio público y las organizaciones no gubernamentales como CNA y la ASI, de la sucesión de los hechos criminales acontecidos donde el daño perpetrado por los mismos agentes policiales ha sido debidamente documentado y confirmado.

Nosotros, desde los medios de comunicación, que abordamos estos hechos de la manera más responsables, quisiéramos no ser portadores de las noticias que tienen que ver con el empuercamiento de la policía en la actividad criminal organizada, porque a la vez que sinceramente lo lamentamos, sabemos que una policía que desciende a tales niveles de descomposición es una autoridad inservible para los fines que le asigna el Estado. Los informes generados por las organizaciones mencionadas, por el Ministerio Público, por comisiones del Congreso Nacional y por el gobierno mismo que nunca como hoy tomó tan en serio la depuración policial, son reiterativos que se impone la urgente necesidad de tener una nueva policía-. Y cuando se expresa de esta manera no quiere decir que tener una nueva policía es como cuando se le da vuelta al calcetín, porque la sociedad no puede quedar siquiera un solo instante sin la presencia de la policía, aunque parte de ella esté gravemente salpicada y complicada en actividades ilícitas.

Lo que procede es lo que ha estado haciendo el gobierno, con el mejor tino posible, mediante un proceso depurativo, ir procurando separar las piezas corrompidas, sustituyéndolas por oficiales correctos, que todavía los hay, y que son los que han asumido la tarea de conducir el cuerpo policial, mientras el gobierno y las instancias civiles de la sociedad llevan a cabo el proceso de depuración que está tratando por todos los medios de darle a los hondureños una policía integrada por agentes y oficiales que respondan a la necesidad de proteger la vida de los ciudadanos con sus respectivos bienes.

El proceso de depurar la policía es uno de los pasajes más difíciles de esta última parte de la historia de nuestro país, porque hasta ahora, no había aparecido una figura tan oscura como es la mancha de la corrupción del cuerpo policial mezclado con el crimen organizado. Había ratería policial, como la mordida de los agentes de tránsito, el exceso de cobro de multas que atesoraban los comandantes de la policía en sus diferentes etapas, en los cuales hubo altos oficiales que se llenaron las bolsas y que hoy se desempeñan en otros ramos profesionales jactándose de una honradez acrisolada.

La corrupción policial en estos niveles era a nivel de rateros de categoría, pero cuando la descomposición descendió al bajo mundo del crimen organizado, la situación se convirtió en un asunto grave que afectaba la seguridad nacional y la seguridad de los ciudadanos. No es cierto que fueron los políticos los que pusieron la policía al servicio del crimen organizado, fueron sus más altos oficiales. Algunos políticos se aprovecharon, también es cierto, pero estos más que ser políticos, han sido elementos gansteriles que se han metido a la política para blindar sus andanzas criminales.

Ningún ex oficial de la policía puede escurrir el bulto a estas alturas, en que ya no solo hay simples señalamientos, hay investigaciones concretas que registran con nombres y apellidos los montos millonarios que han atesorado, y que jamás pudieron lograr con los salarios que devengaban. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 14 de agosto de 2017.

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