Andamos lejos de la santidad

marzo 14, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS



Lo positivo de todo este circo mediático en que se convierte el manejo de los casos de corrupción que se están ventilando en los tribunales de justicia, es que los hondureños podemos estar tranquilos que Honduras, como nación, no se ha echado en los brazos de la inconciencia y la indiferencia, y que de acuerdo con la percepción que se está generando en la ciudadanía, Honduras se aleja cada día de la posibilidad de convertirse en un imperio de la corrupción. Tal vez este capítulo se pudo haber abierto mucho antes para haber acabado antes con la corrupción, pero las personas que estuvieron en los cargos públicos y que hoy cuestionan a sus sucesores no hicieron mayor cosa, y punto. Ninguno de los grandes que estuvieron en el Ministerio Público hizo ni siquiera la mínima parte de lo que se ha logrado en estos últimos años. Y no es que el Fiscal General actual sea el gran genio de la valentía, equiparable a los súper héroes, tan solo es que los operadores de justicia liderados por el Fiscal General han tenido un nivel de ejecución muy efectivo y preciso contra la criminalidad.

Lo que ha permitido que se vea una lucha granítica contra el crimen organizado es la unidad del Estado, en la plenitud de los poderes. El Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, conjuntamente con el Ministerio Público, trabajan unidos por primera vez combatiendo a los grupos delictivos, y si los que en calidad de ex funcionarios hoy hacen función crítica, restándole la importancia que tiene el trabajo institucional, es porque de alguna manera se sienten mortificados por su propia conciencia, por lo que pudieron haber hecho en su tiempo, y no lo hicieron.

Sin duda alguna que la lucha contra la corrupción ha comenzado en serio por primera vez en Honduras y a eso se deben las detenciones masivas y las comparecencias frecuentes de los capturados ante los tribunales. La corrupción se ha percibido siempre como una de las peores perversiones que ha afectado a Honduras, pero no se hacía nada por combatirla. Es hasta ahora, en que ya no solo se le denuncia sino que se le está combatiendo por ser una descomposición moral, producto de la avaricia y el abuso de poder.

El momento permite un diluvio de opiniones, entre los que con buen sentido expresan que en algún caso determinado hay acciones ejecutadas con abuso de autoridad y hasta con espíritu de desconocer la protección que brinda el debido proceso al imputado. Pero esto es normal, habrá incluso opiniones impregnadas de conmiseración para ciertas personas detenidas, porque hay fallas en el mecanismo ejecutor de los operadores de justicia que deben ser corregidas, como el que a una persona se le haga comparecer esposada de manos y pies, y a otros, apenas los “enchachan” de las muñecas. ¿Por qué a una mujer se le manda a la cárcel, y por qué a hombres se les privilegia con celdas en los batallones?

Corrupto es corrupto, hombre o mujer, y como tal deben ser tratados sin diferencias ni privilegios, ¿por qué un trato más clemente en unos casos y más áspero en otros?, da la sensación que en la corrupción hay diferencias sociales. Pero fuera de estas apreciaciones, tenemos que admitir que por primera vez se siente y se percibe en la ciudadanía que el Estado, unido a plenitud con sus instituciones, está combatiendo frontalmente la corrupción, lo cual debe ser motivo de alegría para los hondureños.

Y no es asunto de batir palmas porque hoy comparece uno y mañana comparece otra persona, porque lo que nos corresponde a los ciudadanos tan solo es mantenernos alertas, presenciando el proceso, sin caer en los excesos de celebración que hemos visto en ciertos personajes. La justicia está haciendo su trabajo, permitamos que la haga a través de sus diferentes operadores, surgirán acciones por sectores políticos que actúan queriendo ajustar las normas a los preceptos constitucionales, y lo hacen en todo su derecho. Por ejercer su derecho no se les puede tildar de cómplices de la corrupción, porque eso es un prejuzgamiento completamente antojadizo y errático.

Tampoco se trata de restar gravedad a la corrupción, pero también es injusto enfrentarla como si fuera una nueva epidemia a la hondureña, porque como perversión social la corrupción es un mal viejo en Honduras, por eso decimos que hay que celebrar que hoy se le está enfrentado con toda la fuerza institucional.

Muchos de esos personajes que pretenden adoptar posiciones quijotescas contra la corrupción andan lejos de la santidad, por lo que no les luce montarse en el circo mediático expresando con un furor exagerado ciertas manifestaciones rimbombantes, cuando por su experiencia que les da el haber pasado sin pena ni gloria por las instituciones que hoy si están actuando, deberían conservar la calma y la serenidad que debe caracterizar a los individuos salomónicos.

Una cosa sobre la que todos debemos reflexionar: la corrupción no hay que verla en un juicio moral contra toda Honduras, porque no se puede ignorar que en Honduras hay funcionarios y políticos, que en su inmensa mayoría, sirven honradamente a nuestro país. Y que la corrupción hoy se persigue como nunca se había hecho en Honduras.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 14 de marzo de 2018.

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