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HONDURAS: ancianos eternamente enamorados mueren el mismo día

El amor de esta pareja demuestra que el lazo que une a dos personas que se aman puede trascender el tiempo, el espacio y quizá hasta la muerte.

Tocoa, Colón

Jorge Ramírez y María Gálvez, se juraron amor eterno en un altar ante Dios y muchos testigos y lo cumplieron, como pocas parejas lo han podido hacer. Estos esposos, que vivía en el  barrio San Isidro, en Tocoa Colón falleció de muerte natural este domingo por la mañana como siempre desearon hacerlo.

Ni la muerte quebrantó el juramento de esa unión sagrada entre Don Jorge  y Doña  María. Para los conocidos de la pareja, y sus  familiares este fue un matrimonio que persistió  y que demostró el más puro amor que existe entre un hombre y una mujer, cuya historia no es un cuento de hadas, ni parte de un libreto al estilo Hollywood, “es de la vida real”.

“Eran una pareja realmente bella, de esas que ya no hay, que valoran el amor y la unidad. “Me conmueve conocer este caso pero me inspira y me hace creer que todavía existe la gente que valora las cosas reales”, dijo una vecina de San Isidro y que al igual que ella muchas otras personas más asistieron al velatorio al escuchar esta historia de amor.

Muchos familiares y amigos comentan lo increíble del caso, que sin ser una película ha demostrado que el lazo que une a dos personas que se aman puede trascender el tiempo, el espacio y quizá hasta la muerte.

Por esas cosas de la vida o por caprichos del destino Don Jorge y Doña María estuvieron separados casi 37 años; su separación fue física no así sus almas que aun enamoradas se buscaban en los sueños y en el pensamiento cada uno de ellos siempre existió.

Una semana ante de la muerte de ambos, Don Jorge regresó a su hogar, a los brazos de Doña María, que con dulce ternura lo recibió; su reencuentro fue sin lugar a dudas de mucha felicidad.

Para los esposos sus “últimos días” fueron de dicha, de emociones encontradas;  pero la muerte un tanto celosa los miraba y decidió presentarse, pero no fue cruel con ellos;  porque se llevó a los dos para que siempre estuvieran juntos, incluso hasta en el “más allá”.

La pareja de esposos son velados en el que fue su último “nido de amor” su casa de habitación, justo donde nació esta historia de amor eterno, en el barrio San Isidro, en Tocoa Colón.