El amor a la ciudad

septiembre 29, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cada quien quiere a la ciudad donde vive, a la ciudad donde nacimos, incluso hay ciudades que llegamos a querer con solo unas pocas veces que las hemos visitado. El novelista cubano Alejo Carpentier, en su notable novela EL AMOR A LA CIUDAD, buscando reencontrarse con su querida ciudad natal, La Habana, dice que “andar una ciudad es desandarla, construirla y volverla a construir, mirarla hasta que cedan sus misterios, hasta percibir sus dimensiones en el tiempo. Todo lo cual desemboca, inevitablemente, en el amor, como necesidad de su espíritu que se identifica con su entorno”. Y así es efectivamente, porque aunque uno no haya nacido en una ciudad, pero que ha vivido la mayor parte de su vida en ella, se identifica entrañablemente con ella, quizás hasta el último día que alcancemos a verla para disfrutarla.



Así nos sucede a los fuereños que un día arribamos a Tegucigalpa, sin saber a ciencia cierta que aquí echaríamos raíces, especialmente el día que nos enamoramos, y los días en que fueron naciendo nuestros hijos, y cuando fincamos nuestra experiencia en la actividad por la cual sentimos vocación. De jóvenes no sabíamos lo que Tegucigalpa iba a significar para nosotros con el transcurso de los años, hasta que de pronto nos vimos tan inmersos en ella, que hoy cuando han pasado los años, tratamos de recuperar en nuestra memoria cada momento que hemos vivido aquí, siendo partícipes de una u otra forma en los distintos eventos, felices o aciagos, recogiendo los diferentes incidentes de esta ciudad en nuestro trabajo periodístico.

Hoy cuando nuestra querida ciudad Tegucigalpa cumple sus 439 años de fundación y deja atrás los viejos rasgos ancestrales para colocarse en el plano de la modernidad, deberíamos inculcarnos, todos quienes la habitamos, el amor profundo por cada uno de los puntos de su entorno. Deberíamos formularnos un reto para querer más a Tegucigalpa, porque aunque no sea nuestro punto de origen, aquí llegamos, aquí nos enamoramos, y nos animamos a echar raíces porque desde el principio nos encantó vivir en la capital.

Con la llegada de Tito Asfura a la alcaldía, Tegucigalpa empezó a desarrollar objetivos de sostenibilidad, especialmente en lo que se refiere a hacerla más factible en el aspecto de circulación, de manera que la movilidad nos permita desarrollar nuestras actividades en el menor tiempo posible. Falta mucho por hacer para que Tegucigalpa sea una ciudad competitiva, frente a otras capitales del mundo, especialmente en lo que respecta a servicios públicos efectivos y eficientes, que constituyen su punto débil, siendo el más crítico el del agua potable, que por ahora no tiene una solución a corto plazo según lo ha manifestado con franqueza el alcalde Tito Asfura.

Sin embargo. el ritmo que se ha impuesto la alcaldía en materia de soluciones alienta a tener la esperanza de que en los próximos cuatro años, Tegucigalpa habrá de alcanzar metas más ambiciosas que cubran aspectos en materia de energía eléctrica y agua potable. Lo que resta por hacer: la ciudad debe lanzar un reto a los habitantes, creando una campaña para motivar la participación de los residentes en la capital, haciéndonos ver que si nacimos aquí o aunque seamos originarios de otro lugar, nos encanta vivir en la capital y por lo tanto debemos asumir como un deber de ciudadanos, el compromiso de hacer algo por Tegucigalpa.

Hay que demostrar el amor por Tegucigalpa cuidando sus recursos. Cuando vemos que jóvenes rebeldes se empecinan en destruir instalaciones vitales como son las aulas de la principal universidad nacional, cuando pintan paredes y muros de edificios públicos y privados, cuando expresan su odio contra todo aquello que tiene un valor patrimonial histórico para la ciudad, notamos que en ellos no hay amor ni respeto por su ciudad.

Los medios de comunicación deberíamos esmerarnos por crear conciencia entre los habitantes de la capital para la preservación de los recursos y los bienes de Tegucigalpa. La alcaldía debe hacer una convocatoria en este sentido, porque hasta ahora no se hace nada por motivar la participación de los capitalinos en las soluciones que requieren la presencia de los habitantes.

La alcaldía se esmera en crear momentos felices para la ciudadanía con eventos como la villa navideña y el carnaval de la capital. Ahora debe imponerse una actividad donde los habitantes demuestren su amor por esta ciudad. Hay que animar a los capitalinos para que expresen que les encanta vivir en la capital. La alcaldía debe convocarnos a todos los que vivimos aquí para que nos hagamos conciencia que si vivimos en la capital debemos aportarle algún cuidado a sus bienes, a sus recursos y a todo lo que tenga un valor para la ciudad.

Demostremos el amor a nuestra querida capital. No la destruyamos con el vandalismo pernicioso, preservemos cada uno de sus bienes. Digamos con orgullo: ¡me encanta vivir en Tegucigalpa!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 29 de septiembre de 2017.

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