Alcoholismo salvaje o salvajismo alcohólico

octubre 29, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El alcoholismo no es propiamente una enfermedad, es una adicción como otras que se apoderan de la voluntad de las personas que se vuelven dependientes del consumo de determinado producto o bebida, llegando al extremo de creer que no podrán sobrevivir sin consumirlos o beberlos. En el buen sentido de la palabra, una adicción llega a enfermar a una persona cuando esta se vuelve un consumidor empedernido o consuetudinario, como sucede con los que se aficionan a las bebidas alcohólicas o a las drogas. Cuando la ingesta de bebidas alcohólicas se vuelve una costumbre termina por convertir en adicto a la persona. Los que comienzan desde la juventud a ingerir cualquier tipo de bebida que contenga algunos grados de alcohol corren el riesgo de volverse alcohólicos sin control, que es cuando la gente se embrutece y se trastorna, perdiendo todo el control de sí mismo para transformarse en un ser irracional.



En el tratado de Psicología del Psiquiatra cubano José María Velásquez, encontramos un ejemplo que ilustra los efectos y las consecuencias del alcohol. Consiste en ver a un hombre ilustrado que pierde los estribos y otras cosas más cuando se embriaga en alcohol, al extremo de perder la razón. Este hombre que en la vida real era un abogado ilustre cierta vez iba por una calle céntrica de La Habana en sumo estado de ebriedad, y al atravesar una calle sin fijarse que venían los vehículos, fue advertido por un motorista que hizo sonar el claxon de su carro tan fuerte que el ebrio con el rescoldo de reflejo que le quedaba dio un gran salto cayendo fuera de la calle, evitando ser atropellado. El Dr. Velásquez se preguntaba en el caso citado si podría considerarse inteligente a esta persona por haber escapado, por el último reflejo, que le permitió no ser embestido por los vehículos. Según el Dr. Velásquez no se puede considerar inteligente a ninguna persona que conociendo los efectos del alcohol llega a ingerir una cantidad excesiva que lo hace perder el control hasta quedar embrutecido. Por lo tanto, consideraba que su reacción es la misma de un animal, que por ser irracional en una situación amenazante por instinto de conservación reacciona para salvar la vida.

Miles de personas mueren cada día por causa del alcoholismo en el planeta, es más, si en este momento se hiciera una investigación de las causas de muerte, entre las personas que mueren por causa del coronavirus y por otras causas, quién sabe si el alcoholismo no le gana la partida al COVID-19. Lo sucedido en Choloma, donde murieron varios compatriotas por consumir aguardiente adulterado, acaparó los espacios de los medios por el hecho de ocurrir en forma colectiva, lo que lo convirtió en una tragedia. Desde que se lanzaron los aguardientes para el consumo popular, (de lo cual no hay fecha registrada oficialmente) la cantidad de personas que han muerto por beber aguardiente da para elaborar un censo multitudinario. El Yuscarán es tan famoso por el nombre, como por ser uno de los causantes de una gran cantidad de tragedias familiares. Al calor de un octavo de este aguardiente o varios a la vez, se han matado miles de hondureños no solo en la zona rural, también en las ciudades, haciendo esa marca tan tristemente famosa por el consumo en todas las capas sociales, donde hay. Desde abogados, periodistas, ingenieros, profesores y hasta médicos. Pero donde raya el consumo es en los sectores laborales de a pie, como los albañiles, carpinteros y mayormente en los campesinos.

El aguardiente ha calado en las esferas académicas. Como experiencia recuerdo el bautizo que nos hacían los estudiantes avanzados de la carrera a los de primer ingreso a la Facultad de Leyes, consistía en forzarnos a beber de un solo trago un octavo de Yuscarán en el famoso expendio Don Yaco en Suyapa. Aquella fue una experiencia inolvidable por lo atroz que me resultó beber de una sola vez lo que me pareció un extenso sorbo de fuego en la garganta. Me resultaba admirable un experimentado colega periodista con el que trabajamos en los informativos de la radio, que tenía capacidad para beberse cuatro octavos de guaro y seguir trabajando el resto de la jornada. Cierta vez cuando cubríamos un evento en Managua, después de la jornada quiso calmar la sed en el bar del hotel, que por la alta hora de la noche ya estaba cerrado, cuando los empleados procedían al aseo. El colega confundió el contenido de color amarillo que había en una botella creyendo que era whisky, y procedió a tomarse un trago para calmar la sed, ante el estupor de los meseros que le gritaron que aquel líquido era un desinfectante para el piso. Al escupirlo de su boca, nuestro ingenioso amigo les pidió a los meseros que le trajeran un trapeador de boca.

El alcoholismo anula la razón de las personas más ilustradas, al grado, como decía el profesor Velásquez, que llegan a perder la capacidad inteligente dejándose atrapar por una fuerza seductora que domina la voluntad humana. En el común de la gente de los estratos populares donde hay un bajísimo nivel de educación el consumo de aguardiente sustituye a la necesidad de otras bebidas. Hay campesinos que desde que se hicieron adictos al aguardiente nunca volvieron a probar un vaso de leche y del agua se olvidaron hasta para bañarse.

El líder liberal Modesto Rodas Alvarado, en uno de sus discursos políticos más recordados en pocas palabras hizo un enfoque que resultó una verdadera radiografía social sobre los efectos y consecuencias del alcoholismo, cuando expresó que en Honduras se bebía más guaro que leche. Eran los años 70 y ya un dirigente político que presidió el Congreso Nacional y que estuvo a pocos días de ser Presidente de la República, abordaba el alcoholismo por consumo de aguardiente como una gravedad social que afecta y termina enlutando a muchas familias.

El trabajo que ha hecho el Estado a través del IHADFA para frenar el consumo de alcohol ha sido anulado por el consumo de otros elementos adictivos más dañinos que el aguardiente como son las drogas en polvo mezcladas con químicos de efectos mortales, o el uso de la marihuana, que infortunadamente han penetrado a las universidades, a los colegios y hasta las escuelas, sembrando una adicción temprana en nuestra juventud. Y entre el saldo trágico que deja el aguardiente más las atrocidades que causa la variedad de drogas en Honduras y otros países, enfrentamos una pandemia adictiva que deja miles de muertos todos los años. Lo de Choloma podríamos considerarlo un alcoholismo salvaje, o al revés, un salvajismo alcohólico, que es beber un aguardiente sin ninguna elaboración, mezclado con elementos letales que constituyen propiamente un líquido mortal, que al consumirse produce los mismos efectos que tragar fuego ardiente en forma líquida.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 29 de octubre de 2020.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *