¡Agua mama… agua tata!

enero 8, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En el poema épico-contestatario social de Aguirre y Fierro, el niño, agobiado por la fiebre alta, sintiendo que el fuego lo devora por dentro, clama por agua a su madre y a su padre. «Agua mama, agua tata» es el grito de angustia del ser humano que clama por el agua, porque se puede prescindir de todo lo demás por mucho tiempo, pero jamás podemos sobrevivir sin agua, por lo que, es el vital líquido que nunca nos debe faltar para suplir desde la más ingente necesidad que es la sed hasta las demás, que sin agua no se pueden realizar.



En la época de la modernidad, el agua dejó de ser un derecho natural de las personas para pasar a ser un servicio público por el cual hay que pagar para recibirlo. Lo malo es que, habiendo carencia de agua durante casi todo el año, al menos en Tegucigalpa cada vez es menor el suministro que recibimos los usuarios mientras el proveedor del servicio que ahora es la alcaldía, pasa la factura mensual como si el suministro de agua estuviera permanente en las llaves de los hogares y edificios.

Habiendo pasado el período de lluvias sin que las represas captaran el agua suficiente para abastecer la necesidad de la población capitalina, el gobierno ha tomado la batuta para orquestar una campaña de concienciación para ahorrar agua, por un lado, pero además para gestionar la financiación ante organismos internacionales para construir las represas que captan aguas naturales o aguas lluvias para ser procesadas en las represas para el uso y consumo de las personas. Aunque el gobierno no lo ha definido en forma conceptual, esta vez se empieza a hablar de un plan hidrológico igual como lo hacen EEUU y los países europeos, que consiste en un proceso de acumulación y preservación de aguas para todo uso para todo el tiempo.

A pesar de que el agua es un servicio elemental para las personas, en Tegucigalpa pasaron más de 30 años desde que en el gobierno del Presidente José Azcona se construyó la Represa de la Concepción sin que se hiciera ningún intento serio por parte de las distintas autoridades, fueran alcaldías o gobiernos, para construir un par de represas que permitan acumular agua suficiente para atender las necesidades de la población del distrito central. Construir una represa no es cosa de poco tiempo, de acuerdo con expertos en ingeniería, conlleva por lo menos de cuatro o cinco años realizarla y ponerla en funcionamiento.

El caso es que hubo una ausencia de visión en las alcaldías que administraron la ciudad en las últimas tres décadas, igual pasó con los gobiernos en todo este tiempo, que ningún presidente tuvo el menor interés por ponerle atención al abastecimiento de agua potable para los habitantes de la capital. Pareciera que en Honduras pervive la idea de que los habitantes podemos vivir con los pocos metros de agua que acumulan las represas Los Laureles y Concepción, y como hay una gran cantidad de personas que abusan del mal uso del agua, hace pensar a los funcionarios del ramo que el agua no es tan indispensable y que cuando se hacen los reclamos por parte de los habitantes todo es más alharaca que otra cosa.

Esto aunque verídico resulta anecdótico, porque en cualquier país del mundo los gobiernos y autoridades de los países se prestigian por la calidad de los servicios públicos que prestan, y entre estos, el agua está en el primer orden de las necesidades humanas. Solo pudo pasar en Honduras, que durante más de 30 años la población creció, sin que las autoridades municipales y gobiernos centrales se percataran que era una obligación construir represas de agua potable. En todo ese tiempo la ciudad capital se ha venido saturando de población, mientras las alcaldías y los gobiernos no fueron capaces de ver que con la poca acumulación de agua que se logra en Los Laureles y La Concepción, pronto se llegaría al momento del colapso que ya estamos afrontando los habitantes de la capital.

De no ser por la existencia de las fábricas nacionales embotelladoras de agua y por la inmensidad de agua embotellada que se importa del extranjero, las consecuencias de la carencia de agua serían mucho más grave, por lo cual, a pesar del precio del agua embotellada las personas tenemos parcialmente solucionado el problema, en cuanto al consumo se refiere, porque las demás necesidades: baños, cocinas, inodoros, no se pueden enfrentar con agua embotellada.

Cualquier otro servicio público puede tener una solución a largo plazo, en cambio tratándose del agua las soluciones deben ser a corto o mediano plazo. Hay que buscar el agua y traerla como sea posible por mientras se construyen las nuevas represas. ¿Los mecanismos? Abrir pozos, traerla de otros lugares, son soluciones inmediatas. Pero habrá que hacerlo, porque sin agua Tegucigalpa será una ciudad apestosa y propensa a ser el ambiente donde se incuben toda clase de pestes y epidemias. Viviremos implorando, como en el poema de Aguirre y Fierro, ¡agua mama, agua tata!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 7 de enero de 2020.

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