Afganistán, aciertos y errores

agosto 30, 2021

Juan Ramón Martínez

El tema político más importante en Estados Unidos, es Afganistán. La rápida caída de su gobierno, la capacidad de Estados Unidos para reforzarlo y eficientarlo, la huida del presidente, dicen sus enemigos, y la loca desbandada de los amigos de los estadounidenses hacia el aeropuerto de Kabul, buscando un cupo para huir, muestran desorden e imprevisibilidad. El Presidente Biden se ha mantenido en sus trece: la salida total de las tropas se efectuará en la fecha pactada. Mientras la oposición, hace fiesta y lo acusa de no proteger los intereses de los Estados Unidos. Las encuestas no lo favorecen porque en los periódicos se hace mucha propaganda sobre el trato que ahora los talibanes le darán a las mujeres especialmente. Pero lo que más se critica, con todo, es la retirada, inicialmente ordenada; pero al final, convertida en un caos y prueba que los esfuerzos que se hicieron más allá de la misión oficial, terminaron en un verdadero fracaso. Todavía no se sabe si esto tendrá efectos en las próximas elecciones. Es demasiado pronto. Además, falta tanto tiempo para las mismas que, posiblemente cuando se efectúen, otros temas, otras preocupaciones ocuparán el imaginario popular y el discurso de los políticos de oposición. Por ahora, aunque Trump quiera criticar la cuestión, está involucrado, en vista que el acuerdo de Doha, en el que se pactó la retirada, se negoció durante la administración republicana.



Sin embargo, el asunto se presta para un análisis por parte de alguien que anda de paso y es oportuno para indagar si lo ocurrido constituye una muestra del deterioro de los Estados Unidos como gran potencia; o por el contrario, una rectificación de su política exterior, para retomar el pulso con China, dejando que los problemas domésticos y marginales – lo de Afganistán lo es por supuesto – sean atendidos por sus aliados, para enfrentar posiblemente uno de la última serie de los actos más fuertes para cuidar su condición de primera potencia mundial, haciendo retroceder a China, de los espacios conquistados en África, Asia y en América Latina.

En primer lugar hay que ir a los orígenes, para entender que Estados Unidos entró en Afganistán en cumplimiento de una misión, que concluyó con la muerte de Bin Laden, para  eliminar su cooperación en contra del terrorismo de Alcaeda. Pero que sus estrategas, en la marcha, convirtieron su misión en un objetivo estratégico: “crear, en un espacio poco fértil”, una democracia occidental, pasando por alto las diferencias culturales entre el islam tribal y comunitario, y el occidente, individualista que reduce lo tribal y lo comunitario a su mínima expresión. Es aquí, en este paso en falso, entre la misión puntual, relativamente logrado porque desde el 2000, Estados Unidos ha reducido las amenazas terroristas y neutralizados los grupos que los fomentan. Ese error Biden, con buen sentido lógico, trata de corregir.

Afganistán ha demostrado que no es conquistable por ningún imperio en el pasado o por cualquiera potencia interesada en trocar su voluntad en el presente. De forma que, si militarmente no es dominable, el camino, siguiendo a Maquiavelo, es el de forjar un pacto con ellos. Doha, donde recibieron mas de lo que merecían, pudo ser el principio de negociaciones en las que permitiendo mantener sus frágiles instituciones, Occidente –especialmente Estados Unidos y la OTAN– puede asegurar que este país, estratégicamente importante por su ubicación geográfica, no descuadre el escenario y se implique en acciones de apoyo al terrorismo; ni en aventuras como el apoyo de imposibles califatos que occidente no aceptara nunca.

Ello le puede permitir a Estados Unidos estabilizar el oriente medio. Israel, tiene una mejor posición. Siria no es un peligro por su fragilidad, y el Líbano puede sobrevivir pese a la irreversible división entre cristianos y musulmanes. Irán, si representa un alto riesgo. Pero controlando a Irak, que mantiene una calma chicha, puede permitirle a Estados Unidos volver a retomar su papel en el Pacifico, enfrentando a China militarmente, porque en términos políticos está rodeada por Vietnam, Corea del Sur, Japón, Filipinas y Taiwán, aliados de Estados Unidos. Pero lo más importante es retomar el perdido interés de los Estados Unidos en América Latina, en donde extrañamente China ha logrado avances diplomáticos importantes que todavía pueden revertirse afortunadamente. Más difícil es en África, en donde China tiene asegurado una corriente de recursos naturales, necesaria para el fortalecimiento de su economía y para enfrentar los retos de su descomunal crecimiento.

En conclusión aunque ruidoso, lo de Afganistán, no deja de ser otro episodio en la historia de los Estados Unidos, fruto de la improvisación, el abandono de la importancia cultural por parte de sus teóricos geoestratégicos. Y comisión de errores elementales, como haber abandonado una base aérea bajo su control que habría sido el mecanismo idóneo de una evacuación ordenada y evitar los 13 soldados muertos en Kabul. Lo importante es lo que vendrá a partir de ahora: un recrudecimiento de la lucha contra China y la neutralización, suave pero efectiva, de sus contradicciones con Rusia. La desbandada de Afganistán se olvidará, como ocurriera después de la vergüenza de Hanoi, por un acuerdo en que el antiguo enemigo se vuelva un aliado estratégico para estabilizar el oriente medio, mejorar la seguridad de Pakistán y cercar a Irán, para impedir que China lo use para mejorar sus intereses. El tiempo, todo lo arregla; o lo acomoda.

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