Acuerdos para cambiar Honduras

enero 30, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Una de las características de las personas mezquinas es su obsesión por negar los avances que se logran en las instancias institucionales, donde la nación y la sociedad están presentes por medio de la representatividad política que es electa en comicios democráticos cada cuatro años. La ratificación de las reformas electorales aprobadas mediante un consenso de los partidos políticos mayoritarios y los partidos minoritarios, es un avance a todas luces importante, que debe enorgullecernos, en primer lugar a la clase política, pero en general, a todos los hondureños, porque estas primeras reformas, que son el principio de una transformación electoral, son producto de un acuerdo por consenso para cambiar Honduras.



La mezquindad expresada por algunas personas que llegan a la acidez crítica, es producto de la visión acortada para ver solo la parte periférica de la situación, resistiéndose a interpretar el fondo del asunto, donde están los riesgos que conllevan al descontrol institucional cuando los políticos, en cuyas manos están los destinos del país, demuestran sus infidelidades con Honduras y de manera directa su deslealtad con el pueblo hondureño, al que le niegan el derecho de vivir en un clima de tranquilidad, que es el ambiente donde se puede trabajar y vivir en paz.

Resulta deplorable y reprobable a la vez, que ciertos sectores políticos pongan sus intereses personales por encima de la esencia de la institucionalidad que es la tranquilidad social, y cuando los sectores mayoritarios, en este caso PN, LIBRE y la bancada liberal, logran un acuerdo para aprobar reformas con las que se inicia un proceso de reformas electorales, los mezquinos saltan a la palestra para intentar deslucir el acuerdo logrado por consenso. Esta vez, el Partido LIBRE, que ha mantenido una postura antidemocrática, cambió para bien, abandonando sus habituales posiciones sectarias y nefastas, sumándose al consenso, aprobando las reformas con las que nacen a la vida institucional el Concejo Nacional de Elecciones y el Tribunal de Justicia Electoral.

Quedan pendientes la segunda vuelta y la regulación de la reelección, para ser sometidas a la aprobación del soberano pueblo hondureño, que es quién al final deberá determinar por la vía del plebiscito, si está de acuerdo o no con la aprobación de ambas reformas. Con el consenso logrado en el Congreso Nacional, se reduce la tensión social y política, que han estado a niveles encendidos, por lo que es justo reconocer que la hábil conducción del presidente de la cámara, Mauricio Oliva, logró encontrar la ruta para llegar a una solución viable en un tiempo récord, un dato que hay que tener en cuenta, porque en un ambiente de confrontación como el que hemos estado viviendo, con ánimos caldeados y con espíritus pleitistas, llegar al convencimiento de fuerzas políticas encontradas como son los nacionalistas, libres y liberales, no fue un asunto chiche; en medio de ese clima de subvaloraciones y descalificaciones políticas, encontrar la ruta para llegar a la normalidad democrática por medio de un acuerdo por consenso, fue mucho más difícil que ganar una medalla de oro en las olimpíadas.

Esto es motivo más que suficiente para celebrarlo; quienes pretenden demeritarlo de cualquier forma, porque su ego negativo lo han construido en las bajas superficies del rencor antidemocrático, porque por la fuerza no han podido llegar al poder, no podrán desconocer que luego de este primer paso donde han quedado instituidos el Consejo Nacional de Elecciones y el Tribunal de Justicia Electoral, vendrá lo más trascendental, que es dejar en la decisión del pueblo hondureño, que mediante un plebiscito decida sobre la reelección y la segunda vuelta electoral.

Pero el punto clave en toda esta situación histórica es el origen de la solución, es haber logrado el consenso entre las tres fuerzas políticas mayoritarias, PN, LIBRE y la bancada del PL. Lo contrario, es decir, que los políticos no hubieran logrado un acuerdo y a estas alturas estuvieran empantanados en discusiones y confrontaciones, estaríamos lamentando la frustración ciudadana por el desempeño de los partidos, que durante tanto tiempo se han alternado el ejercicio del poder, sin aprender que las crisis políticas se resuelven cuando los actores políticos se ponen en guardia y logran acuerdos para evitar los riesgos de un descontrol institucional que puede llevar a poner en peligro a todo un país, como estamos viendo en Venezuela, Nicaragua y otros países.

Celebremos este acuerdo para cambiar Honduras, que afortunadamente está por encima de las mezquindades de un patético como reducido número de compatriotas, que critican el desempeño cívico de los tres partidos, porque a lo mejor creen que Honduras solo cambiará llevándola a una etapa de altísima conflictividad, donde el desconcierto por el desorden afecta a todos los hondureños.

Este acuerdo hace posible ir recuperando el orden natural en todos los ámbitos del país, para llegar a una normalidad democrática donde las personas tienen más confianza para llevar adelante sus propósitos personales, familiares y empresariales. Un clima donde gana Honduras y ganamos los hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 30 de enero de 2019.

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