A Toncontín le debemos más de una

agosto 24, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando se aproxima la hora de la activación del Aeropuerto Palmerola no debería pensarse que el Aeropuerto Toncontín tiene las horas contadas, porque es una instalación aérea debidamente equipada para seguir operando en todas las categorías de vuelos, por lo tanto las autoridades deben reflexionar sobre un aspecto básico: aunque la localización geográfica sitúa a Toncontín en la clasificación de aeropuertos complicados para aterrizar, por la ubicación Toncontín se mantiene como una necesidad nacional, con una historiografía a su favor cuando han acontecido fenómenos naturales que han inutilizado las demás instalaciones aeroportuarias del país.



Toncontín no debe pasar al plano de las reliquias, tiene mucho que ofrecer para continuar sirviendo a la economía de la capital y del país. Hay que ver en el horizonte del interés nacional los dos aeropuertos: indudablemente que Palmerola ofrece las mayores condiciones de seguridad para el aterrizaje y despegue de los aviones de las grandes líneas aéreas, algo que fue anticipado por los técnicos expertos en la aeronavegación, que vinieron del extranjero en los años 70 a estudiar las condiciones de la geografía hondureña para la construcción de un nuevo aeropuerto en la capital. Descartando todos aquellos lugares que se mencionaban para sustituir a Toncontín, los expertos coincidieron que Palmerola era el sitio con las mejores condiciones en todo el istmo centroamericano para construir un aeropuerto internacional.

Hoy Palmerola ya es una realidad, está llamado a ser el gran aeropuerto internacional de Honduras, pero eso no quiere decir que debe descartarse a Toncontín, como lo pensó de una manera ramplona Mel Zelaya, cuando quiso trasladar toda la actividad aeroportuaria a Palmerola, donde solo existía la pista aérea, sin ninguna instalación para hacer posible la aeronavegación comercial. Para llegar a lo que hoy es el Aeropuerto Internacional de Palmerola el gobierno de Hernández hizo lo correcto, inició el proceso para atraer al inversionista adecuado, tanto en recursos como en experiencia, para construir un aeropuerto bajo un modelo exitoso, fuera de toda duda, que estuviera funcionando en una ciudad del extranjero, llegando a seleccionar un aeropuerto alemán que registra un tráfico internacional activado por un mercado que no es igual al de Londres, ni parecido al de Nueva York o al de Los Ángeles.

La empresa alemana que ganó la concesión para construir Palmerola está fuera de toda duda por su trayectoria limpia, lo cual para los hondureños es una carta de garantía que sea un inversionista de ejecutoria transparente el que haya sido seleccionado para hacer posible una obra de tanta importancia, que debe ser apartada de las visiones egoístas que infortunadamente malinterpretan las buenas decisiones. Pero, porque Palmerola sea el gran aeropuerto internacional de los hondureños no vemos porque las autoridades marginen a Toncontín del tráfico internacional, porque eso equivale a imitar la posición radical que quiso adoptar en su momento el ex presidente Manuel Zelaya, cancelando las actividades de Toncontín sin tener siquiera comenzado los trabajos para construir el Aeropuerto Palmerola.

En el mundo actual la economía funciona mejor por el modelo de la oferta y la demanda, y en este caso todo es cuestión de demanda en el mercado, porque si hay pasajeros que quieran seguir viajando desde Toncontín y hayan líneas aéreas dispuestas satisfacer esta parte del mercado hondureño, el gobierno no haría bien imponiendo una decisión que camine en la vía contraria a la regla natural de la demanda y la oferta que existe en el mercado. Nada que lleve lo contrario a esta regla tiene éxito, más bien tiende a asegurar el fracaso. Por lo tanto, Palmerola, si bien puede ser el gran aeropuerto internacional de Honduras, no pierde esa condición al respetar el deseo de una parte del mercado de seguir utilizando las instalaciones de Toncontín.

En cambio, toda medida impuesta de manera autoritaria, se expone a recibir el rechazo de los usuarios y consumidores, porque en nada se diferencia lo que en una mala hora, después de un infortunado accidente aéreo en Toncontín, quiso hacer el ex presidente Mel Zelaya, con la medida autoritaria de cancelar la actividad aeroportuaria del aeropuerto capitalino. Las épocas modernas se caracterizan por un amplio respeto a las reglas del mercado, mientras que las disposiciones unilaterales resultan inciertas porque solo sirven para presagiar el colapso de una empresa o de una obra que nace protegida de la competencia por los privilegios de las medidas que están alejadas del consenso y divorciadas del respeto que debe tenerse por las regulaciones que solo el mercado pueda dar con exactitud.

A Toncontín los hondureños le debemos más de una oportunidad de salvarnos del aislamiento en varios momentos cruciales, relegarlo a los vuelos nacionales y regionales es un paso en falso que la máquina del tiempo no les perdonará a quienes se disparen por el momento frenético de tener la manija del poder, porque al cabo de los años caerá sobre sus cabezas la condena por el desacierto. Mejor dejen que sea el mercado con sus elementos naturales, que son los consumidores y usuarios, los que regulen el destino de ambos aeropuertos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 24 de agosto de 2021.

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